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Jue, Jul

Sergio González Miranda

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“No he tenido mejores maestros que los hombres y mujeres que he conocido en mis investigaciones”

Es un apasionado por la riqueza humana del desierto chileno. Por eso, este académico iquiqueño estudia a las personas través de sus relatos y sus espacios, sin detenerse en esos límites llamados fronteras.

Lo saludaron, lo felicitaron, lo celebraron. Después de obtener el Premio Nacional de Historia 2014, a Sergio González le llovieron las invitaciones en su honor, pero ninguna de ellas caló tan hondo como el pequeño homenaje que le hicieron los pampinos el 18 de noviembre, para la Semana del Salitre.

“Que me reconozcan ellos me hace muy feliz”, dice él. No podía ser de otra manera para quien se ha dedicado a entender la historia del salitre desde las personas, el mayor reconocimiento debía venir de esas raíces.

¿Qué eventos de su infancia vincula con su interés por la historia?

Nací en un barrio tradicional del puerto de Iquique y el tema del patrimonio estaba presente en todas partes. A pesar de no ser tan antigua en términos de asentamiento humano, la ciudad tiene mucha memoria y las personas una identidad muy marcada. Además, desde niño me gustó leer historia. Recuerdo que mis padres me compraron la Enciclopedia de Historia Universal, y mi hermana mayor, que era y todavía es profesora de Castellano, me regalaba literatura.

¿Qué lo llevó a estudiar la pampa?

Había estudiado Sociología en la Universidad de Chile y Urbanismo Regional en Santiago. Quería hacer mi tesis de magíster sobre Tarapacá, y me di cuenta de que no se podía entender la región sin comprender el proceso del ciclo del salitre. Todavía estaba viva la principal fuente de información de ese período, que eran los pampinos. Empecé a hacer entrevistas y creo que fui de los primeros en Chile que realizó un estudio sistemático de la historia oral. Ahí salió el libro Hombres y mujeres de la Pampa: Tarapacá en el ciclo del salitre. Nunca más dejé de investigar ese tema.

¿Qué metodología utiliza para hacer sus investigaciones?

Por un lado, cruzo la información: uso los archivos y la oralidad. Por otro, necesito conocer el espacio donde se desarrolló el fenómeno. Hace un tiempo estaba haciendo un trabajo acerca de las salitreras Ausonia y Filomena en Antofagasta. Redactaba un artículo en base a información de archivo, pero no conseguía escribirlo porque sentía que me faltaba algo: no había recorrido esas oficinas. Tomé una camioneta y fui a conocerlas. Después de eso pude escribir.

¿Qué está estudiando ahora?

Desde hace algunos años, los fenómenos transfronterizos. No sólo las relaciones diplomáticas con Bolivia o Perú, sino el norte grande de Chile y sus vínculos con estos países. Tenemos muchos temas transfronterizos, como la inmigración, los flujos culturales, los arrieros, los enganches salitreros. Hoy existe una discusión teórica de la frontera, especialmente por el tema de la globalización, y ese campo de estudio me ha fascinado.

¿Qué rescata de estos años de estudio?

Los hombres y mujeres que he conocido en mis investigaciones. No he tenido mejores maestros que ellos. Las personas que he entrevistado para conocer el salitre y las relaciones transfronterizas me entregaron más allá del conocimiento. Todas tienen su base cultural en el desierto de Atacama, y una cultura y sociabilidad increíble. Les debo muchísimo y han sido la mayor inspiración a mi quehacer.

Fuente: Revista Chile tiene su ciencia, Marzo 2015.