Alcances biológicos del nuevo horario de verano

A partir de este año, los relojes no cambiarán con las estaciones. Desde el Ministerio de Energía se anunció que regirá el horario de verano como recurso para mejorar la eficiencia energética del país. Así lo indicó el ministro Máximo Pacheco, quien señaló que “como Gobierno (…) consideramos que es la mejor forma de asegurar la calidad de vida de los chilenos y chilenas y promueve el buen uso de la energía”. Así quedó suspendido indefinidamente el cambio de horario.

El jefe de la cartera aseguró que "estamos reconociendo que esta medida, que está en el ADN de los chilenos, se puede modificar para mejorar la calidad de vida de las personas y concentrar el esfuerzo de la eficiencia energética donde realmente importa", asunto que forma parte de la Agenda de Energía, que pretende reducir al menos en 20% el uso de la energía, en un plazo que se ha proyectado para el 2025.

Es por eso que de ahora en adelante Chile tendrá un huso horario definido, quedando a tres horas el oeste del meridiano de Greenwich (-3) en el territorio continental, mientras que en el territorio insular, se mantendrá el huso horario de cinco horas al oeste del meridiano de Greenwich (-5). En palabras sencillas, esto significa que mientras avance el año, en la mañana el sol saldrá más tarde y por tanto el atardecer se retrasará, a diferencia de lo que anteriormente se hacía, que provocaba que las mañanas estuvieran más claras y oscureciera más temprano en la temporada otoño – invierno.

Según antecedentes del Ministerio de Energía, en el consumo eléctrico de los sectores residenciales se ha observado un mayor consumo promedio por vivienda. Como ejemplo, un refrigerador gasta el 30% del total del consumo de una casa, mientras que el 16% corresponde a iluminación, ítem que mayormente se quiere rebajar con la modalidad implementada.

En términos prácticos, esta medida implica que en marzo ya no tendremos que atrasar una hora los relojes y quedarán atrás las confusiones de hacia dónde mover las manecillas del reloj o los plantones para quienes olvidaron cambiarlo. Sin embargo, además del ahorro de energía y de temas anecdóticos como los mencionados, existen otras variables a considerar, cómo lo que le ocurre a nuestro cuerpo si se cambia o no el horario.

 

Cambios biológicos

Cuando el verano va llegando a su fin, también lo hacen las horas de luz a las que nos acostumbramos. A medida que avanza el año los días comienzan a hacerse más cortos y levantarse por la mañana suele ser en plena oscuridad. Los especialistas tienen visiones distintas respecto a este nuevo escenario. Para el Director del Programa de Doctorado en Neurociencia de la Universidad de Valparaíso John Ewer, “sin el cambio de hora, la adaptación a los cambios de la jornada se producirá de manera natural”. Agrega que “nosotros somos animales diurnos, entonces estamos acostumbrados a funcionar con la luz”, por lo que este esta decisión ayudaría en el funcionamiento biológico de las personas.

A su juicio, si la medida se evalúa desde el punto de vista estrictamente biológico resulta positiva “porque los ajustes que uno hace son acordes al movimiento del sol, que son más bien de un par de minutos por día. Ahora uno se da cuenta de que se están empezando a acortar los días, pero son sólo un par de minutos por día”. Esto según Ewer es beneficioso porque “uno se va a acomodando de a poco a los cambios, y claro, en invierno, es corto, pero llegamos a ese punto de a poco”. El docente plantea que “es la mejor solución pensando en las personas animales, como seres biológicos, que funcionan con el calor y cuanto uno más esté en sincronía con la luz planetaria, es menos complicado. Yo sé que eso suena como algo holístico, pero es así. El reloj biológico es muy fuerte”. Esto quiere decir que el cuerpo tiene sus propios tiempos, como por ejemplo, cuando sentimos hambre es porque nuestro cuerpo necesita de alimento, o cuando tenemos sueño, es porque necesitamos descansar. Así lo ejemplifica el profesor Ewer: “Es como tratar de hacer una suma complicada a las 4 de la mañana para darse cuenta de que este reloj tiene una influencia muy grande sobre nosotros”.

Otro aspecto positivo es que podría observarse una disminución de la llamada “depresión estacional” o “trastorno afectivo estacional”, enfermedad de tipo psicológica que nace por los cambios de estaciones. Como explica el especialista, esta terapia consiste en recibir la mayor cantidad de luz posible, y la permanencia del horario actual, permitiría a las personas disfrutar de un día de luz más extenso. “La depresión estacional viene en invierno y es causada por el acortamiento de los días. En invierno los días son más cortos, y hay más oscuridad y una buena terapia para eso es que las personas se pongan a la luz, que más o menos replican los cambios de luz que ocurren en las tardes de verano. Es una terapia de luz, pero funciona muy bien”, explica.

Javiera Castro Faúndez, Dra.(c) en Ciencias Biomédicas del Laboratorio de Sueño y Cronobiología de la Universidad de Chile, plantea en su página “Chile hace ciencia” que es apresurado calificar hoy esta medida. Expone que al mantener el horario de verano durante el invierno, “vamos a tener luz hasta más tarde, lo que probablemente hará nuestra salida del trabajo, la universidad o el colegio bastante más agradable. Pero a su vez, implica que amanecerá más tarde también”. Detalla que si en pleno invierno el sol se elevaba sobre la cordillera a las 8 de la mañana, desde ahora lo hará a las 9, “lo que además de parecernos muy raro, puede llegar a complicarnos más la difícil lucha diaria con las sábanas y, en las personas más sensibles, gatillar o empeorar algún trastorno afectivo estacional. Sólo imaginen que en verano, cuando hay luz desde las 6, las personas deban levantarse a las 3 de la mañana todos los días a trabajar”.

En su opinión esta parece ser una decisión más bien basada en aspectos culturales y económicos, “ya que nuestras costumbres sociales nos hacen muy nocturnos comparados con otros lugares como Estados Unidos o algunos países de Europa, donde cenan a las 5 o 6 de la tarde y comienzan el día bastante más temprano que nosotros”.

Insiste que es prematuro evaluar la medida: “podría sumarse al resto de los trastornos circadianos propios de la vida moderna o quizás el sistema pueda ser suficientemente plástico para adaptarse. También dependerá de cada persona, ya que existe variabilidad en la adaptación a nuevos horarios entre nosotros, dependiendo de la edad, los hábitos y la genética”.

El neurocientífico John Ewer resalta las ventajas que implica mantener un solo horario. Recalca que el cambio de hora en invierno, si bien no es dramático, deja sentir una serie de consecuencias en los humanos. Por ejemplo “midiéndolo en cientos de miles de personas, uno puede ver el aumento de ciertos riesgos, actividades que son peligrosas, porque uno está haciendo las cosas una hora más temprano y por lo tanto está menos alerta, o sea, uno está medio dormido”. Al no acostumbrarse, el estado de alerta no está totalmente regulado, por lo que bajo situación de presión o de manejo de situaciones complejas, puede resultar peligroso. Indica que se ha observado la incidencia de accidentes asociados que ocurren después de los cambios de hora.

Quienes también se veían afectados eran los niños y estudiantes quienes, por estar en etapa de crecimiento, duermen hasta más tarde. Así lo explica Ewer diciendo que “los niños en la escuela están aún más dormidos que antes, y digo aún más, porque naturalmente los niños se despiertan más tarde, porque son niños, y se tienen que levantar una hora más temprano todavía (con el cambio de hora), y andan menos despiertos aún”, lo que desemboca en menor productividad y también mayor falta de atención. Incluso el académico de la Universidad de Valparaíso dice que sería una buena iniciativa retrasar el horario de entrada de los niños a clases, pero que por logística, es muy difícil llevarlo a cabo en nuestro país.

En un estudio realizado por Rolando Collado-Ardón y otros profesionales de la Universidad Autónoma de México y publicado por la Revista de Medicina UNAM detectaron que producto de los cambios de hora, “en la vejez aparecen de nuevo cambios en los ritmos. Se modifica la alternancia sueño-vigilia, hay pequeñas siestas durante el día y períodos de vigilia durante la noche que confunden -y angustian a veces a la persona y que se interpretan como insomnio”. También se pudo detectar que:

“Las alteraciones que produce el cambio de horario, aunque no llegan a incidir en las estadísticas ni constituyen enfermedades, afectan a individuos y a grupos, especialmente a quienes tienen una estructura poco flexible en lo biológico y en lo psicoemocional, y a quienes están sujetos a realizar actividades en horarios rígidos. Esas alteraciones dependen de los órganos y sistemas que se ven más activos en el proceso de adaptación:

• En el sistema nervioso central: somnolencia, irritabilidad, dificultades en la atención, la concentración, la memoria. Representan mayor riesgo en individuos que requieren de esas funciones al iniciar el día como pilotos, escolares, maestros, empleados y trabajadores.

• Fatiga, baja en el rendimiento, menor productividad (Valdés y col.).

• Malestar general.

• Cambios en el estado de ánimo, depresión.

• Trastornos digestivos, aumento de secreción del jugo gástrico, disminución diurna y aumento nocturno del apetito.

• Aumento de molestias psicosomáticas.”

 

Algo de Historia

En Chile el cambio de hora se producía desde 1968. El 2014, el horario de verano se cambió recién el 26 de abril, y volvió a reanudarse el horario de verano el sábado 6 de septiembre. Es por esto que el profesor John Ewer plantea que “en Chile estaban atrasando tanto la fecha del cambio de hora, como el año pasado, que a esas alturas realmente se ganaba muy poco, quizás un par de semanas en que uno se despierta con luz, pero fuera de eso, se pierde”.

Desde hace cuarenta y siete años que en Chile se cambiaba el horario conforme cambiaban las estaciones. Esta medida adoptada en 1968, fue iniciativa de Edinson Román, quien se desempeñaba como superintendente de operaciones de la empresa Chilectra, y que en este cambio encontró la solución a una gran crisis eléctrica que vivía el país por ese entonces afectado por una gran sequía. En 1970, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, se tomó la decisión de dictar una ley que establecía que el cambio de hora, que implicaba adelantar una hora entre octubre y marzo, se haría de manera permanente en los años sucesivos.

 

Fuente: Ministro de Energía, Máximo Pacheco

John Ewer, Director del Programa de Doctorado en Neurociencia de la Universidad de Valparaíso y Profesor de Neurobiología.

Javiera Castro Faúndez, Dra.(c) en Ciencias Biomédicas del Laboratorio de Sueño y Cronobiología de la Universidad de Chile, a través de : http://chilehaceciencia.blogspot.com/

Estudio : “El cambio de horario y la salud” Rolando Collado-Ardón et. Alt. Revista Facultad de Medicina UNAM http://www.facmed.unam.mx/publicaciones/revista/Un15-cambio.htm

 

Fecha de publicación: Febrero 2015

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