¿Nos quedaremos sin agua?

Opciones de Texto

En sus orígenes, la tierra tenía temperaturas extremadamente altas que no permitían la formación de la vida, pero todo cambió hace aproximadamente 4000 millones de años, cuando nuestro planeta comenzó a enfriarse, permitiendo que el vapor de agua presente en la atmósfera primitiva se condensara y se produjeran las primeras lluvias, formando así los océanos.

El agua de la superficie se evapora, el de las nubes precipita y la lluvia se filtra por la tierra en un constante e imparable ciclo vital. De esta forma, la cantidad total de agua en el planeta no cambia, lo que ha variado por diversos factores, es la proporción entre agua salada y agua dulce.

Somos el planeta azul, desde el espacio se observa con claridad el 70% de agua que cubre nuestra superficie. Sin embargo, se calcula que el 97, 5% es salada, en forma de mares y océanos, quedando solo un 2,5% de agua dulce.

A su vez, el 80% de ésta permanece congelada en los polos y glaciares o como humedad subterránea, quedando aproximadamente un 1% de agua disponible para nuestro consumo. Para entender la relevancia de estos datos, imaginemos un bidón de 5 litros, representando toda el agua que hay sobre la tierra.

Ahora saquemos lo suficiente para llenar un vaso pequeño y observemos la diferencia entre ambos. El vaso contiene el agua que podemos consumir.

Hay quienes aseguran que el agua dulce anualmente ha disminuido en la tierra, mientras otras investigaciones indican que si bien está disminuyendo por un lado debido a las sequías, está aumentando por otro ya que el calentamiento global también aumenta la intensidad de precipitaciones en algunas regiones del planeta, balanceando el sistema.

Entendiendo lo anterior, y observando nuestro entorno más cercano, el cuidado del agua dulce tiene gran relevancia para nuestro país, donde la sequía es materia de discusión año tras año, percibiendo este proceso en los niveles de embalses y ríos.

¿Cómo usamos nuestra agua?

Cuando una familia chilena se levanta, lo primero que hace cada uno de sus integrantes es ducharse, lavarse los dientes, vestirse, preparar el desayuno, y salir de casa rumbo a sus actividades. ¿Te diste cuenta de que en casi todas estas acciones estuvo presente el agua?

Según datos del Manual de la Casa Verde del Ministerio de Medio Ambiente, una familia de cuatro miembros gasta aproximadamente 1000 litros de agua todos los días casi sin darse cuenta.

Es que el agua es necesaria para casi todas nuestras actividades. Sirve para bañarse, beber, cocinar, regar las plantas, lavar la ropa, limpiar nuestra casa, pero por sobre todo, mantenernos vivos.

agua llaveUna familia de cuatro personas puede gastar 1000 litros de agua diariosEs el principal e imprescindible componente del cuerpo humano, tenemos un 75% de agua al nacer y no podemos estar más de 5 ó 6 días sin beberla porque ponemos en riesgo nuestra vida. La necesita cada una de nuestras células, es parte de nuestra sangre y baña todos nuestros tejidos.

La obtenemos principalmente de los deshielos y lluvias que alimentan los ríos y de las napas subterráneas, desde donde se extrae agua para la agricultura, industria y consumo humano. Guardamos agua en embalses para su uso permanente, lo que nos hace olvidar muchas veces que el agua se termina y hay que cuidarla.

Pero también hay una gran reserva blanca y helada que nos acompaña en todo nuestro largo territorio. Se trata de los Glaciares, un verdadero tesoro autóctono, ya que Chile tiene el 50% de los existentes en Latinoamérica.

Roxana Bórquez, Ingeniera en Recursos Naturales Renovables y miembro del equipo investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, explica que en el mundo existen dos grandes tipos de glaciares. Aquellos que están en los casquetes polares y los que están en las montañas como la cordillera de los Andes, Los Alpes, El Himalaya, etc.

Todos los glaciares de montaña tienen gran importancia porque abastecen las cuencas hidrográficas de los ríos que alimentan, generan una influencia en los ecosistemas locales, en el clima y en el agua para las comunidades que están bajo ellos, incluso en tiempos de sequía, entregando más agua cuando menos llueve.

Esto se produce debido a que en el ambiente glaciar hay material en suspensión como polvo y nieve. Cuando hay épocas de mucha sequía, se derrite la nieve superficial, quedando las capas más ocultas de polvo que son oscuras, generando una mayor acumulación de calor y un mayor derretimiento. Se derriten más rápido, pero logran que las cuencas sigan teniendo agua mínima para abastecerse.

Roxana Bórquez cuenta que el río Huasco nunca dejó sin agua a los agricultores durante la intensa sequía de 1960 debido a este fenómeno.

En nuestro país se han contabilizado al menos 3700 glaciares y se continúa trabajando en un catastro para establecer la cantidad de reserva de agua total que representan.

Se calcula que los ubicados desde Copiapó al Aconcagua tienen un equivalente en agua similar a la acumulada en los 17 embalses existentes desde Arica a Santiago, lo que muestra su gran importancia y cuidado.

En la actualidad hay tres grandes responsables de la diminución de los glaciares. El primero es el natural producto del deshielo, luego el calentamiento global y la intervención directa en los glaciares como en el caso de la minería. Hay investigaciones que indican que los glaciares se pueden reproducir, otros grupos científicos dicen que esto es imposible y son opuestos a hacer ningún tipo de intervención en ellos.

Para Roxana Bórquez, los glaciares son ecosistemas que tardaron miles de años en formarse gracias a factores topográficos, climáticos y glaciodinámicos. A pesar de la investigación científica en torno a ellos, son parte de un proceso totalmente desconocido para el hombre, por lo que plantear una intervención sin causar graves daños medioambientales es imposible de afirmar. Señala además que los glaciares son ecosistemas frágiles que serán afectados siempre por lo que está ocurriendo en su entorno.

El cuidado y respeto a estas fuentes de agua es de suma urgencia ya que en países como Bolivia, Perú y también en Chile se observa una disminución real de los glaciares.

La necesidad de aumentar y cuidar el recurso hídrico es una realidad en Chile, lo que ha levantado propuestas para anticipar una situación crítica en el futuro. Ejemplo de ello es que para disminuir los efectos de la falta de agua en el norte por la sequía y los requerimientos mineros, se está estudiado la posibilidad de que parte del agua de la desembocadura de los ríos Biobío y Maule llegue a las ciudades y actividades productivas del norte a través de lo que se ha denominado La Vía Hídrica del Norte de Chile o Carretera Hídrica.

Este sería un acueducto submarino o terrestre que podría ayudar a mantener la seguridad hídrica del país. Así como este proyecto en estudio, muchos son los entusiasmados en aumentar el número de plantas desalinizadoras para utilizar agua de mar para el consumo humano y la industria, encendiendo la luz roja con respecto a cómo debemos enfrentar el futuro con una disminución de agua dulce cada vez más posible.

Para Roxana Bórquez “El recurso hídrico es escaso, no tiene sustituto. Para hacer una bebida se necesita agua, para hacer el pan se necesita agua y por lo tanto es un recurso crítico para la vida en el planeta, tanto de los seres vivos como de la naturaleza. Corresponde su mayor cuidado, interviniendo las fuentes de agua lo menos posible para que puedan seguir sus ciclos naturales” y este es un proceso que finalmente parte en casa.