La química de una carrera

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Cuando los seres humanos éramos cazadores-recolectores, el cuerpo humano estaba siempre listo para vivir una experiencia límite. Hemos evolucionado, no necesitamos cazar para obtener nuestro alimento, pero el organismo aún está acondicionado físicamente para ponernos en marcha a toda velocidad en cualquier momento, sobretodo en caso de emergencia, si debemos escapar de un peligro o ayudar a quienes nos necesitan inesperadamente.

Este mecanismo interno lleno de reacciones químicas sorprendentes nos acompaña a diario y lo podemos entrenar y poner a prueba sanamente al momento de hacer ejercicio.

Diego tiene 27 años, trabaja y estudia y se ha preparado durante los últimos 3 meses para correr en la Maratón de la ciudad. Es su primera vez y se ha propuesto completar la primera meta de 10 kilómetros en una hora aproximadamente.

El día de la competencia, Diego se levanta temprano y mientras despierta y comienza a moverse por su casa tiene un consumo de un cuarto de litro de oxígeno por minuto. Toma un desayuno liviano que consiste en un vaso de leche, un plato de avena y una manzana.

Empieza a caminar tranquilamente hasta el punto de partida, a 5 cuadras de su casa, y como es la primera vez que corre en esta competencia se pone un poco ansioso. Se produce una descarga de adrenalina y automáticamente el sistema nervioso se pone en alerta, mandando la señal de activación de una serie de mecanismos que aumentan la irrigación sanguínea hacia los músculos. De esta forma cuando llega al punto de partida ha consumido medio litro de oxígeno, duplicando el gasto energético sólo por el hecho de saber que tiene que correr.

Cuando comienza la carrera, el cuerpo de Diego está preparado para el desafío y comienzan a moverse todos sus músculos, generando un gasto de energía cada vez más alto. En los primeros metros a un buen ritmo, Diego ya está consumiendo entre 2 ó 3 litros de oxígeno por minuto, los que se mantendrán durante los siguientes 10 kilómetros.

El cuerpo humano es un motor que puede ocupar 3 fuentes de energía distintas. Usamos los azúcares, las grasas y las proteínas contenidas en los alimentos, combinadas con el oxígeno.

Cuando Diego empezó a correr, aumentó el requerimiento de energía para moverse tal como lo hace un automóvil al necesitar combustible. Para que ésta llegue a los músculos se requiere de un intenso trabajo cardíaco para bombear la sangre que desplaza esta energía. Se va produciendo de esta forma, la reacción química de oxidación, producto de la mezcla entre las fuentes de energía y el oxígeno, generando calor en la musculatura, que por conducción pasa a la sangre.

Para Danni Haichelis, profesor de educación física del Laboratorio de Ciencias del Ejercicio de Clínica MEDS, el calor que se produce en una carrera de 10k es suficiente para elevar la temperatura del cuerpo a 200 grados centígrados, lo que es totalmente incompatible con la vida.

Pero nuestro cuerpo es perfecto y tiene su propio sistema de enfriamiento. A través de la piel se libera el calor hacia el ambiente, así se enfría la sangre, quitándole calor al músculo. Igual que el radiador de un automóvil.

Diego ha corrido los primeros 100 metros y ya comenzó una vasodilatación periférica en su cuerpo, lo que implica que se abren todas las venitas que están cerca de la piel, permitiendo la presencia de gran cantidad de sangre. Ha comenzado a transpirar y a tomar un tono más rosado en el rostro.

Mientras Diego corre y transpira, inmediatamente permite que el viento evapore el sudor y el frio sobre la piel baja la temperatura de la sangre y del músculo. Hay un equilibrio entre la producción de calor por parte del cuerpo y la perdida de ésta por parte del sistema de enfriamiento, manteniendo la temperatura en torno a los 39 grados, normal en un estado de ejercicio.

Para Danni Haichelis, si el sujeto no se ha preparado, corre el riesgo de no tener suficiente agua para poder transpirar sin deshidratarse, lo que implica que a la media hora de carrera aproximadamente puede dejar de sudar, impidiendo la pérdida de temperatura. Esto es lo que se llama golpe de calor, mortal en el 10 % de los casos.

Este especialista explica que la temperatura exterior es el mayor enemigo del deporte de alta competición. Con el calor vamos a transpirar más, lo que producirá mayor pérdida de agua y mayor deshidratación, provocando la disminución de agua en la sangre, aumentando su viscosidad como si fuera una mayonesa. De esta forma la circulación será más lenta y la disponibilidad del oxígeno también será menor. Ejemplo de esto es lo ocurrido en la Maratón de Chicago hace tres años, donde murieron tres corredores por esta causa.

Se calcula que nuestro corredor da un paso por cada metro que avanza. Si logra correr 10 kilómetros serán 10.000 pasos. Eso quiere decir que por ejemplo, el talón de Diego golpeará contra el suelo 10.000 veces consecutivas. Si su estructura no está preparada para eso, el desgaste será muy alto, y luego de la carrera aparecerán algunas complicaciones musculares como contracturas, desgarros y otras lesiones.

Sin embargo, hasta este punto todo anda bien en el cuerpo de este joven principiante, quien ya debe preparar su organismo para terminar la carrera, disminuyendo la velocidad paulatinamente después de la meta, para evitar un sobrecalentamiento del sistema, permitiendo que baje la temperatura y el flujo sanguíneo lentamente.

Sólo queda una cuadra para terminar y Diego, con un peso de 70 kilos, ha gastado 700 calorías en una hora de carrera. Piensa en lo feliz que estará de haber cumplido su objetivo y de lo maravilloso que es su cuerpo al responder a esta gran exigencia.