Artículos Alterar nuestro reloj biológico puede causar problemas como sobrepeso y depresión

Todos los seres vivos -desde las plantas hasta los humanos- manifestamos ciclicidad, es decir, la capacidad de funcionar sobre la base de ciclos. Para que esto ocurra, tenemos un sistema molecular en nuestras células llamado ritmo circadiano, que significa “alrededor de un día” y que, entre otras cosas, permite ajustarnos al ciclo luz-oscuridad.

Bien lo saben los viajeros frecuentes, en especial, aquellos que deben viajar a países con horarios muy diferentes: cansancio, irritabilidad, confusión, en ocasiones pérdida de memoria y alteraciones del apetito. Despertar en medio de la noche pensando que ya amaneció, o los incesantes bostezos a plena luz del día, parecen ser el mal menor. “Si vas a Japón, te vas a despertar a una hora inusual y tendrás malestares por varios días ya que tu reloj interno no está sincronizado con el externo”, explica John Ewer, académico del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso.

Es el fenómeno conocido como jet lag, una de las formas más conocidas del desajuste causado por la alteración de los llamados ritmos circadianos, sistema que es controlado por una suerte de “reloj interno” encargado de ajustar nuestra fisiología de manera distinta cuando es de día y cuando es de noche. Si bien en el pasado distante existían pocos estímulos capaces de alterarlo, el estilo de vida moderno –dicen los expertos- está causando que muchas personas vean alterados estos ritmos biológicos como nunca antes.

Diversos análisis han establecido que la luz artificial nocturna o el trabajo en turnos de noche, por ejemplo, afectan estas funciones causando problemas que van desde el sobrepeso hasta la depresión. Y Chile no se queda atrás en investigación. Un estudio pionero realizado en la Universidad Austral, determinó que estos cambios son especialmente riesgosos para las mujeres embarazadas, ya que predisponen al feto a sufrir enfermedades en la etapa adulta.

Agosto de 2015

La investigación fue liderada por Claudia-Torres Farfán, una de las expertas que más sabe del tema en Chile. Hace poco más de un mes tuvo que viajar a Europa a exponer los hallazgos de su trabajo, fruto de más de tres años de investigación, en un encuentro que reunió los principales expertos del mundo en la materia (que no superan el centenar). El estudio buscaba determinar el riesgo que implica el trabajo en turnos de noche para las madres en gestación.

En concreto, descubrieron que si bien no hay un peligro inmediato, los hijos de madres que trabajan en turnos de este tipo tienen más riesgo de sufrir enfermedades metabólicas cuando son adultos, entre ellas obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. “Todas estas enfermedades probablemente tienen un mecanismo común que es al que queremos llegar, para ver si podemos revertirlo, y que comenzaría en el embarazo”, explica Claudia Torres-Farfán.

En otro estudio que apuntaba a esta misma dirección, el equipo de cronobiología que lidera descubrió que la alteración de los ciclos de luz –también llamados “fotoperíodos”-, produce alteraciones en la función renal, induciendo cambios significativos en la presión arterial de la descendencia. ¿Por qué los ciclos de luz son tan importantes? Torres-Farfán dice que al estructurarnos en torno a los ciclos de luz, nuestro organismo prepara las hormonas necesarias para que funcionemos durante el día, proceso en el cual también participa nuestro sistema nervioso central.

Un ejemplo claro de esto son las funciones de comer y dormir. Cuando comemos operan distintos sistemas que cuando dormimos. En el segundo caso, funcionan los que están relacionados con la reparación, la producción de antioxidantes y la consolidación de la memoria de corto y largo plazo. “Por ejemplo, lo primero que hacemos en la mañana es producir una hormona que nos activa, que es el cortisol, y eso produce activación de nuestros centros neuronales. Después, lo hará la insulina, para decirnos que tenemos que comer o dejar de comer, y así empieza todo un juego fisiológico que hace que tengamos este orden temporal, que es sumamente vital”, asegura la especialista.

Interrumpir o alterar la exposición a los fotoperiodos naturales puede tener diversas consecuencias para nuestra salud, ya que se produce una desincronización que genera problemas a nivel de la regulación circadiana. “Si tú constantemente estás alterando tu reloj biológico a través de señales lumínicas que son equívocas, eso te puede llevar a problemas fisiológicos”, cuenta Luis Larrondo, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, especialista en ritmos circadianos y fotobiología.

Lo anterior se puede ver, por ejemplo, cuando nos alimentamos en un horario en que nuestro reloj biológico no está preparado para digerir la comida, ésta se absorbe de manera distinta y puede causarnos malestar gastrointestinal porque no somos capaces de digerirla. Y esto, a su vez, puede devenir en obesidad o en un alza del azúcar porque no la procesamos como corresponde. El resultado pueden ser enfermedades como resistencia a la insulina o diabetes.

Pero los expertos coinciden en señalar que desde el advenimiento de la luz eléctrica estas “señales equívocas” han aumentado peligrosamente, sobre todo para nuestro organismo. “Estamos en contra de nuestra naturaleza que nos indica que al acabarse la luz, tenemos que comenzar nuestro descanso”, dice Claudia Torres-Farfán. Dicho de otro modo, al prolongar artificialmente el día, enviamos un mensaje erróneo a nuestro cuerpo, lo que implica que nos cueste más quedarnos dormidos y que nos dé sueño más tarde. “La luz eléctrica es una de las causas de la vida moderna de que estemos durmiendo menos que nuestros antepasados. Se calcula que dormimos entre una y media o dos horas menos que antes de antes del surgimiento de la luz artificial”, dice Leonardo Serra, neurólogo del Centro del Sueño de la Clínica Alemana.

John Ewer explica que al vivir en un mundo con gran cantidad de luz artificial creemos que esa es la más importante que recibimos, cuando en realidad la única que importa es la del Sol. De hecho, cuenta que una oficina bien iluminada tiene aproximadamente 400 unidades de luz, mientras que un día nublado tiene 10 mil. “Por donde uno lo mire el Sol es muy importante, y es lo que al final entrena a tu reloj biológico. Nosotros podemos creer que todas estas luces artificiales permiten que el reloj se acostumbre a cualquier horario, pero no es el caso”, asegura.

Uno de los principales efectos de la luz artificial en momentos en que tenemos que tener oscuridad es que frena la secreción de melatonina, mediador biológico del efecto de la luz y que, entre otras funciones, regula el sueño: “Es una hormona que está involucrada en todo lo que tiene que ver con los controles finos de nuestros cambios a través de las horas del día”, explica Claudia Torres-Farfán.

Al respecto María Serón-Ferre, académica del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica que la hormona melatonina viaja por nuestro cuerpo a través de la circulación y que de esta manera llega a todos los tejidos del organismo, “y es una potencial señal de comunicación entre el reloj central y los osciladores periféricos”. Mientras haya luz, la melatonina estará inhibida. Y en el minuto en que ésta baje aumentará la melatonina en el organismo, por eso su cantidad es máxima durante la noche y cuando hay oscuridad. “En el momento en que empieza a haber más luz en el ambiente baja la melatonina en nuestro cuerpo y empezamos a despertar”, explica Serra.

Además de los problemas identificados en mujeres embarazadas por el grupo de cronobiología de la Universidad Austral, existe una serie de condiciones que pueden derivar de la alteración de nuestros ritmos circadianos. Luis Larrondo explica que algunas de las enfermedades que pueden desarrollarse son problemas metabólicos, de sobrepeso y también depresión.

Junto con ello, se ha visto en personas que trabajan por turnos y que constantemente están alterando su ritmo endógeno, una mayor incidencia de cáncer: mamario en el caso de las mujeres y testicular en el de los hombres. “Es tanto así que la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace aproximadamente diez años declaró que el trabajo por turnos que involucra una disrupción circadiana constante es potencialmente un cancerígeno en humanos”, sostiene Larrondo.

El especialista agrega que se ha demostrado que las personas que se ven expuestas a alteraciones del fotoperiodo tienen mayores tasas de infartos al miocardio y enfermedades cardiovasculares. “Afortunadamente no hay mayor mortalidad, pero sí más frecuencia de infartos al corazón y de accidentes vasculares en esta población”, concluye.

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