Comentario de actualidad científica: A un rayo-luz del talento de Albert

La observación de nuestro entorno y la curiosidad por lo que en él ocurre son fundamentales para ejercitar nuestra mente, tal como lo afirmó Albert Einstein.

Por Dr. Juan Carlos Ramírez.

El PAR Explora Araucanía inició recientemente sus actividades oficiales 2015, que ha sido designado oficialmente como “Año de la luz”. Muchos datos interesantes pueden mencionarse sobre la luz, sin embargo, en esta ocasión deseo referirme brevemente a la vida y talento de un personaje cuyo nombre va invariablemente unido al de esta forma de energía: el gran científico alemán Albert Einstein (1879-1955), posiblemente el mayor genio científico de la historia.

¿Qué talento especial poseía Albert que lo llevó a plantearse hace más de 100 años algunas de las preguntas más complejas que ha conocido el ser humano, y que incluso hoy en día son particularmente difíciles de comprender a cabalidad, con la excepción de unos pocos físicos expertos? Diferentes exámenes post mortem han revelado que el cerebro de Albert poseía algunas peculiaridades morfológicas, las que de alguna manera podrían relacionarse a un razonamiento matemático superior.

¡Afrontémoslo! Posiblemente pocos de nosotros (los humanos) tengamos en nuestro cerebro irregularidades morfológicas como las que poseía Albert, aunque tal vez sea posible, si realmente lo deseamos, emular parte de su talento si ponemos en práctica un consejo “oculto” en una de las muchas famosas sentencias que se le atribuyen: “No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”.

Nadie duda que los niños, a diferencia de los adultos, son en general muy curiosos con respecto a su entorno, hasta el grado que algunos de ellos suelen retar la paciencia de su padres y hermanos mayores. Pero, ¿qué pasa con nuestra curiosidad cuando crecemos? ¿Acaso poco a poco aceptamos nuestra vida y dejamos de cuestionarla? Albert jamás dejó de cuestionar el universo en el cual le tocó vivir, hasta el punto de remecer los cimientos de la ciencia misma con sus teorías, que años más tarde, ya en pleno siglo XX, pudieron demostrarse experimentalmente.

El problema es que al parecer, mientras más viejos nos volvemos, nos conformamos cada vez más con la realidad que percibimos, y vamos abandonado en algún rincón de nuestra mente los cuestionamientos que tuvimos cuando niños: perdemos la capacidad de observación, origen mismo del conocimiento y el método científico. Es aquí donde individuos como Albert marcan la diferencia respecto a sus pares, y emular su talento se inicia simplemente con mantener nuestros sentidos alertas y nuestra mente llena de preguntas.

Probemos con un pequeño test: ¿cuándo fue la última vez que nos preguntamos por qué los aviones vuelan o cómo es posible que las abejas hayan podido determinar que panales con celdas hexagonales optimizan el espacio disponible? Incluso aunque nunca encontremos la respuesta, el simple ejercicio de inferir una explicación a cualquier fenómeno activará nuestra mente. Esto es lo que hacía Albert con frecuencia en su casa, en un parque o a orillas de un lago. Nunca perdamos la curiosidad de observar y hacernos preguntas sobre nuestro entorno, quién sabe, otro Albert Einstein puede estar entre nosotros a menos de un rayo-luz de distancia.

 

El Dr. Juan Carlos Ramírez es Ingeniero Forestal (Universidad Austral de Chile), Magíster en Ciencias mención Silvicultura (Universidad Austral de Chile) y Doctor en Recursos Naturales (Institute of Soil Science, Gottfried Wilhelm Leibniz Universität Hannover, Alemania). En la actualidad es académico del Departamento de Ciencias Químicas y Recursos Naturales de la Universidad de La Frontera.

 

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