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Vie, Ago

Dr. Ricardo Salazar, químico: “El fin de descontaminar aguas industriales es su reutilización y el cuidado del planeta”

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Apunto de concluir un proyecto Fondecyt de cuatro años, el químico de la U. de Santiago de Chile (USACH) ha logrado, junto a su equipo, limpiar el agua que usan las industrias textiles y farmacéuticas a través de innovadores procesos electroquímicos, para que sea reutilizada y así evitar que contaminen ríos y mares.

Un porcentaje de reutilización del 100% es lo que el investigador del Departamento de Química de los Materiales de la Facultad de Química y Biología de la USACH, Dr. Ricardo Salazar, ha logrado con un tratamiento de aguas residuales provenientes de procesos industriales textiles y farmacéuticos en nuestro país, mediante una nueva tecnología para tratar aguas contaminadas.

Para lograr recuperar volúmenes considerables de estas aguas contaminadas, el investigador comenzó trabajando primero con pequeñas cantidades, probando distintos métodos para, finalmente, crear su propia tecnología, y construir una planta piloto en el campus de Estación Central donde puede tratar diez veces más la cantidad de aguas residuales que trató en un principio.

Gracias a complejos procesos electroquímicos -similares a los de la refinería del cobre- se logró generar potentes oxidantes en el agua sin la necesidad de añadir reactivos químicos. Este método de electrooxidación permite obtener agua totalmente decolorada, con un bajo nivel de compuestos orgánicos contaminantes (como colorantes textiles y fármacos veterinarios y humanos), lo que en definitiva permite una reutilización total de aguas que en otro momento habrían tenido que ser desechadas.

Los resultados del proyecto Fondecyt “Eliminación de colorantes en aguas residuales de la industria textil mediante tecnologías electroquímica”, se han difundido en decenas de artículos científicos, así como en la formación de estudiantes de magíster, doctorado y pregrado, cuyas tesis han sido invaluables para los avances del proyecto, asegura Salazar.

¿Por qué se decidió trabajar con estas dos industrias específicamente?

Porque los volúmenes de agua que se eliminan diariamente en ambas son muy altos. Y porque muchos de esos compuestos a pesar de no ser tóxicos, son persistentes en el medio ambiente. Esto significa que prácticamente no se degradan.

¿Cuál es el efecto de que tienen estos contaminantes?

En el caso de los colorantes, si llegan a un cause natural de agua, impiden el paso de la luz en ella. Lo que provoca que las algas no hagan fotosíntesis, así disminuye la cantidad de oxígeno presente, lo que podría afectar la vida de peces o microorganismos. Mientras que en caso de los medicamentos, hacen que virus y bacterias creen resistencias a estos compuestos. Luego, ambos vuelven a la cadena y se van a aguas de regadío, por ejemplo, donde llegan al ser humano, en bajas concentraciones, pero que se van acumulando con los años.

¿Por qué decidieron levantar una planta piloto?

Construimos una planta piloto de laboratorio, donde comenzamos haciendo experimentos a un nivel pequeño, 100 ml a un litro, y ahora estamos con 10 litros. Nuestra intención era poder ver cómo funcionaban nuestros procesos con distintos compuestos orgánicos, y en esta instalación pudimos ampliar tanto el volumen como la cantidad y variedad de estos compuestos. Ahora ya estamos aplicándolo a aguas residuales de la industria del vino, y de animales.

¿Cuál es el aspecto que más destacaría usted de los avances que han alcanzado?

Lo que me apasiona de lo que estamos haciendo, es que usamos el mismo medio contaminado para generar especies que nos ayuden a descontaminar. Utilizamos el agua impurificada y lo que hacemos es oxidarla, para que así ella genere radicales libres, los cuales reaccionan con los compuestos orgánicos transformándolos en otros que no contaminan o que son biodegradables.

Para obtener estos agentes oxidantes empleamos un sistema electroquímico muy simple: introduciendo un cátodo (electrodo con carga negativa o polo negativo) y un ánodo (electrodo positivo) en el agua contaminada y luego administrando corriente. Y dependiendo de las características químicas de los electrodos, que son como unas pilas, hay unos que me permiten generar más oxidantes o menos. Hemos probado diferentes superficies.

¿Cuál es el objetivo final de este trabajo?

El principal fin es reutilizar el agua, porque no está lista para beberla. Pero la idea es que permita en el mismo proceso industrial, reutilizarla. Ya sea para labores de limpieza, o para enfriarla, calentarla o lo que se desee pero que no se deseche y sigamos ocupando agua nueva todo el tiempo. Ahora con la escasez del recurso hídrico es importante esta postura de la reutilización porque con este método es posible reciclar hasta en un 100%.

Esta solución provista por la ciencia nacional, significa un gran aporte a la sustentabilidad de los procesos industriales, por una parte disminuyendo la cantidad de agua empleada gracias a la reutilización; y por otra, la limpieza de este elemento evita que llegue contaminada a los cauces de ríos y mares. Esto último tiene un gran impacto ambiental, ya que afecta a la flora y fauna marina, que inevitablemente alcanza al ser humano.

¿Cuál es el rol de la energía solar en este proyecto?

Nosotros ocupamos el sol como un reactivo más. Formamos un tipo de compuesto que el sol puede romper y provoca más radicales en el medio. Esta idea la hemos llevado también a otro proyecto en el norte del país, en el Desierto de Atacama, en conjunto con el SERC Chile (Chilean Solar Energy Research Center) y la U. de Tarapacá, donde queremos instalar una planta purificadora similar a la nuestra, pero que funcione sin electricidad, sin gasto de dinero, solo con paneles fotovoltaicos.